Barcelona

Barcelona ha sido escenario de diversos acontecimientos internacionales que han contribuido a consolidarla, desarrollarla y darle proyección mundial. Los más relevantes han sido la Exposición Universal de 1888, la Exposición Internacional de 1929, los Juegos Olímpicos de 1992 y el Fórum Universal de las Culturas 2004. Es también sede del secretariado de la Unión para el Mediterráneo.

La Monumental de Barcelona

Exterior de la plaza de toros Monumental.

La plaza de toros Monumental de Barcelona fue inaugurada en 1914 con el nombre de «El Sport» y rebautizada en 1916 con el nombre de «Monumental». Está situada en la confluencia de la Gran Vía y la calle Marina, en el distrito del Ensanche de Barcelona. Con un aforo de 19.582 localidades, tras el cierre de las plazas del Torín y las Arenas, era la única donde se realizaban festejos taurinos en Barcelona, hasta la prohibición aprobada en el Parlamento de Cataluña. En el interior de la misma se halla el Museo Taurino de Barcelona, donde se exponen trajes de famosos toreros, cabezas de toros célebres, documentos históricos y demás objetos relacionados con la tauromaquia.

Arte público

Monumento a Colón (1888), plaza del Portal de la Paz, uno de los monumentos más emblemáticos de Barcelona.

El conjunto de monumentos y esculturas al aire libre de Barcelona constituye una excelente muestra de arte público que otorga a la capital catalana, en conjunción con otros elementos como su arquitectura, su red de museos o su conjunto de parques y jardines, un inconfundible sello artístico, ya que la ciudad condal siempre ha apostado por el arte y la cultura como una de sus principales características identitarias.

El acervo de arte público de la ciudad es extenso, si bien la mayoría de monumentos y estatuaria situada en lugares públicos procede del siglo XIX en adelante. El primer monumento situado en la vía pública de forma expresa y por encargo municipal que se conserva es el Monumento a Santa Eulalia, en la plaza del Pedró, originaria de 1673. Sin embargo, hasta el siglo XIX no hubo mayores muestras de relevancia, en parte porque la ciudad estaba encorsetada por sus murallas de origen medieval, al tener la ciudad la consideración de plaza militar, por lo que no había mucho espacio disponible para grandes monumentos. La situación cambió con el derribo de las murallas y la donación a la ciudad de la Fortaleza de la Ciudadela, lo que propició la expansión de la ciudad por la llanura contigua, hecho que se plasmó en el proyecto de Ensanche elaborado por Ildefonso Cerdá, que supuso la mayor ampliación territorial de la ciudad.

Dragón del Parque Güell (1900-1903), de Antoni Gaudí, otro de los símbolos de la ciudad.

A finales del siglo XIX se celebró un evento que supuso un gran impacto tanto económico y social como urbanístico, artístico y cultural para la ciudad, la Exposición Universal de 1888. La estatuaria realizada para la Exposición fue la aportación más importante al arte público de la ciudad en toda su historia, y supuso el banco de pruebas de un nuevo estilo artístico, el modernismo, que hasta principios del siglo XX fue el que imperó a nivel arquitectónico y artístico en la ciudad, y convirtió a la Barcelona modernista, junto con la gótica, en el estilo más definitorio de la ciudad condal. Gracias a la Exposición quedaron monumentos como el Arco de Triunfo, la Cascada del Parque de la Ciudadela o el Monumento a Colón.

El siglo XX fue el que más número de obras vio colocadas en las vías públicas de la ciudad. El estilo artístico imperante en las primeras décadas del siglo fue el novecentismo, hasta que en los años 1920 y 1930 se fueron introduciendo las corrientes vanguardistas internacionales. Durante los primeros años de la dictadura franquista se produjo un retorno a estilos academicistas, pero más adelante se apostó de nuevo por la innovación y, especialmente con la llegada de la democracia, el ambiente artístico se introdujo de lleno en los estilos de moda a nivel internacional. Entre las primeras obras del siglo destacan: Desconsuelo (1903), de Josep Llimona, en el Parque de la Ciudadela; el grupo escultórico La canción popular (1909), en el Palacio de la Música Catalana; el Monumento al Doctor Robert (1910), de Josep Llimona, en la plaza de Tetuán; y el Monumento a Mosén Jacint Verdaguer (1924), en la plaza homónima, de Joan Borrell i Nicolau.

La diosa (1928), de Josep Clarà, plaza de Cataluña.

En 1929 se celebró en Montjuic otra Exposición Internacional, que dejó numerosos edificios e instalaciones, algunos de los cuales se han convertido en emblemas de la ciudad, como el Palacio Nacional, la Fuente Mágica, el Teatro Griego, el Pueblo Español y el Estadio Olímpico, así como la fuente monumental de la plaza de España, las cuatro columnas de Josep Puig i Cadafalch y diversas esculturas colocadas por toda la montaña de Montjuic. También se efectuaron diversas actuaciones por toda la ciudad, la más importante de las cuales fue en la plaza de Cataluña, donde se colocó un total de 28 estatuas de diversos autores.

Durante los años de la Segunda República y la Guerra Civil no se realizaron excesivos monumentos, debido a la inestabilidad política y la convulsa situación del país, pero quedaron obras como La República (Homenaje a Pi i Margall) (1934), de Josep Viladomat; o el homenaje a Francesc Layret, de Frederic Marès.

Mujer y pájaro, de Joan Miró, Parque de Joan Miró.

Durante la etapa franquista hubo una gran proliferación de monumentos, ya que la dictadura utilizó el arte como medio propagandístico de su ideario. Se crearon obras como el Monumento a los Caídos en la Avenida Diagonal, de Josep Clarà; la estatua ecuestre del General Franco, en el Castillo de Montjuic, obra de Josep Viladomat; o el Monumento a José Antonio Primo de Rivera, en la calle Infanta Carlota —actual Avenida Josep Tarradellas—. Un cambio de rumbo se produjo en 1957, cuando se instaló en el Paseo del Valle de Hebrón una obra titulada Forma 212, de Josep Maria Subirachs, que fue la primera obra abstracta situada en un espacio público de la ciudad. Ese año coincidió con la llegada a la alcaldía de José María de Porcioles, quien se mantuvo en el cargo hasta 1973, y cuyo mandato se caracterizó por un mayor aperturismo, en una etapa conocida como «porciolismo». Esta etapa se caracterizó por una gran profusión de estatuaria pública, aunque por lo general partiendo de iniciativas particulares, y procurando evitar cualquier connotación política. Eran obras de diferente sello estilístico, sin ninguna planificación general, que fueron surgiendo de forma espontánea y con cierta improvisación.

Con la llegada de la democracia se inició un nuevo período en la estatuaria pública de la ciudad. A nivel estilístico, se hizo una clara apuesta por el arte contemporáneo y por la incorporación de obras de artistas de renombre de todo el mundo. En esos años se instalaron obras como: el Monumento a Pau Casals (1982), de Josep Viladomat y Apel·les Fenosa; el Homenaje a Picasso (1983), de Antoni Tàpies; Mujer y pájaro (1983), de Joan Miró; Elogio del agua (1987), de Eduardo Chillida; el Jardín de Esculturas de Montjuic (1990); y el Monumento a Francesc Macià (1991), obra de Josep Maria Subirachs.

En 1992 se celebraron los XXV Juegos Olímpicos, que también dejaron numerosas obras en la ciudad, principalmente en la montaña de Montjuic, donde se remodeló el Estadio Olímpico y se construyó el Palau Sant Jordi, pero también en las villas olímpicas del Pueblo Nuevo y el Valle de Hebrón. En los años siguientes continuó a buen ritmo la colocación de obras de arte en espacios públicos, con obras como: Cabeza de Barcelona (1992), de Roy Lichtenstein; Barcino (1994), de Joan Brossa; Personaje (1997), de Joan Miró; y La ola (1998), de Jorge Oteiza.

Por último, en el siglo XXI continuó un cierto eclecticismo derivado de las tendencias postmodernas iniciadas en los años 1980, que ha deparado obras de diverso signo y estilo para la ciudad. Uno de los eventos más destacados del nuevo milenio fue la celebración del Fórum Universal de las Culturas de 2004, que permitió nuevos cambios urbanísticos en la ciudad, especialmente en la zona del Besós y de Diagonal Mar. Algunas de las obras incorporadas al acervo público en el nuevo siglo fueron: Árboles gemelos (2001), de Arata Isozaki; Tall Irregular Progression. A las víctimas del terrorismo (2003), de Sol LeWitt; El Canal de Suez (2009), de Albert Viaplana; A los castellers (2012), de Antoni Llena.

Patrimonio de la Humanidad

En Barcelona hay varios puntos de interés declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El séptimo elemento del Lugar Patrimonio de la Humanidad «Obras de Antoni Gaudí» es la Cripta de la Colonia Güell, que se encuentra en Santa Coloma de Cervelló.

 

 

Mónica Catral
Mónica Catral

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